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Afanistán: Mujer, virtud y vicio

por Javier Conejero

El 12 de agosto de 2021, los talibanes tomaban Kabul y, con ella, el poder en Afganistán. Solo un mes después, el Ministerio de Asuntos de la Mujer desaparecía para dar lugar a un reinstaurado Ministerio del Desarrollo, Promoción de la Virtud y Prevención del Vicio. Nuestras palabras reflejan, e incluso anticipan, los hechos que estamos dispuestos a perpetrar. Borrar a la mujer para hablar de la virtud y el vicio es, quizá, una elección de palabras, un acto, que habla por sí mismo.

Durante el primer régimen talibán, entre 1996 y 2001, el Ministerio de la Virtud y el Vicio ejerció un férreo control de la vida afgana. Dedicado a cuidar la aplicación de la ley islámica o sharía en su interpretación más radical, la vestimenta, las costumbres y, desde luego, el no-papel de la mujer estaban entre sus principales atribuciones y obsesiones. La policía de la moral, dependiente del ministerio, cuidaba de que las mujeres vistieran adecuadamente y fuesen siempre acompañadas en público, pero también vigilaba, por ejemplo, que nadie llevara la música demasiado alta. Casi una policía del pensamiento que estaba especialmente obsesionada con una figura, la de la mujer, por lo demás invisible en el sistema social talibán.

La reinstauración del Ministerio de la Virtud y el Vicio es quizá una declaración de intenciones demasiado elocuente.

Han pasado 20 años desde su fin, y hoy son muchos -y muchas- los que aún se preguntan qué será de este segundo régimen talibán. La reinstauración del Ministerio de la Virtud y el Vicio que, además, sustituye físicamente al de Asuntos de la Mujer, es quizá una declaración de intenciones demasiado elocuente. Las declaraciones del nuevo gobierno -casualmente, formado solo por hombres- sobre determinados asuntos parecen ir más en esta línea que en lo que ha sido Afganistán durante las últimas dos décadas. Por ejemplo, mientras que buena parte de los estudiantes y trabajadores han vuelto a sus centros de estudio y empleo, la situación de las mujeres continúa paralizada hasta que el nuevo gobierno pueda “garantizar su seguridad”. Por ello, solo las niñas de los primeros cursos pueden acudir a sus colegios, recibiendo clase en aulas segregadas. Este sistema de segregación es el que seguirán, de volver a acoger mujeres, otros centros como las universidades, según declaraciones del gobierno. Mujeres enseñadas por mujeres y aprendiendo un temario adecuado al papel que deben representar las mujeres.

Ciertas activistas dudan de poder volver a sus centros de estudio o trabajo a corto plazo y, desde luego, de que todo vuelva a ser “como antes” del ascenso talibán. La creación de un nuevo currículo que, según el propio gobierno, seguirá estrictamente la sharía o ley islámica, hace temer que el papel de la mujer se vea reducido una vez más. Ya lo ha hecho su libertad, con la obligación de vestir el velo o hiyab, la prohibición de hacer deporte o las limitaciones de movimiento que están empezando a sufrir en los entornos urbanos. En el Afganistán rural, denuncian las organizaciones no gubernamentales, la interpretación del nuevo mandato talibán está quedando a expensas de la policía local, que está aplicando dosis de represión aleatorias en función del tradicionalismo y el fundamentalismo que gobiernan cada lugar.

Los derechos de la mujer

en Afganistán han chocado

históricamente con el fuerte

tradicionalismo del país.

PícaroPOD

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Pese a las carencias, los últimos 20 años se habían convertido en una suerte de carrera por los derechos de la mujer en el país afgano. Desde que en 2001 se creó el primer Ministerio de Asuntos de la Mujer, dirigido por la abogada y activista Sima Samar, estas habían mantenido un ascenso lento pero constante en el panorama laboral y político. En 2004, la nueva Constitución les garantizaba el 50% de representación parlamentaria. Poco antes, la también ministra de la Mujer, Massouda Jalal, se convertía en la primera candidata a la presidencia del país. En 2009 la Ley de eliminación de la violencia contra las mujeres reconocía hasta 22 delitos, que incluían el polémico matrimonio forzoso. 

Hitos de una lucha que ha durado un siglo

Y así, para 2014, las mujeres representaban ya más del 16% de la fuerza laboral del país. Pero esta carrera estaba llena de obstáculos, como el restablecimiento de la oficina para la Prevención del Vicio y la Promoción de la Virtud, dependiente del Ministerio de Asuntos Religiosos, una entidad destinada a luchar contra el alcohol y las drogas pero que hizo saltar la alarma de diferentes activistas y organizaciones. Obstáculos como el aumento de hasta un 20% de la violencia contra las mujeres apenas 4 años después de la aprobación de la ley que debería acabar con ella, según denunciaron las Naciones Unidas. O la impunidad en la que quedaban muchos crímenes contra la mujer, especialmente los llamados de honor, que eran insuficientemente juzgados o castigados.

 

El entorno rural era y es fuente de preocupación para activistas y organizaciones, con situaciones que distan poco de las que se vivieron en los periodos más fundamentalistas. En estas áreas, que acogen hasta al 70% de la población, la práctica del matrimonio forzoso ha seguido siendo habitual, y la presencia de mujeres ocupando cargos públicos no se había normalizado antes del ascenso talibán. En las ciudades, la segregación estaba presente ya en ciertos tramos de la educación y en actos tan importantes socialmente como la oración. Existía, según la denuncia de diversas instituciones, una importante brecha salarial desfavorable para las mujeres que, además, seguían realizando la mayor parte de las actividades domésticas.

El entorno rural era y es fuente de preocupación, con situaciones que distan

poco de las que se vivieron en los periodos más fundamentalistas.

Perfiles | Ministras de la mujer

Nombres de la lucha

Hace solo unos meses, con el progresivo avance de los talibanes y la apertura de cárceles, muchas mujeres juezas o de las fuerzas de seguridad denunciaron el acoso de los hombres a los que habían encarcelado previamente. Después, con la firma del acuerdo entre Estados Unidos y los talibanes, diferentes organizaciones denunciaron la nula referencia a los derechos de la mujer y cómo estas, junto a otros colectivos, quedaban abandonadas por Occidente. Hoy, las miles de mujeres y niñas que han quedado atrapadas en el país siguen preguntándose qué será de ellas una vez que el poder talibán se asiente. Mientras que las primeras protestas han sido reprimidas, otras mujeres han decidido manifestarse en favor del nuevo régimen. Mientras que ellos van retomando su papel dentro del nuevo orden, ellas siguen esperando.

¿Y ahora qué?

Escuchamos las voces de mujeres, activistas y ciudadanas afganas, que han hablado sobre el que creen que será su papel en el nuevo régimen. Estas mismas mujeres, tanto profesionales como jóvenes estudiantes, han forjado la transformación en la que el país lleva inmerso 20 años, haciendo posible cada pequeño avance y dando sentido a cada minuto de lucha.

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