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  • Foto del escritorJavier Cone

Gris: Jugando a las emociones

La industria indie encuentra en las emociones humanas la mejor materia prima para crear historias… y arte.

Un fondo blanco, como un lienzo. Pequeñas manchas negras, quizá pájaros en el cielo. Una voz que no suena, el silencio.

Así comienza Gris, uno de los videojuegos independientes más aclamados de los últimos años. La primera obra del español Nomada Studio ha continuado y dado un paso más en la estela que ya habían iniciado otras pequeñas y medianas desarrolladoras: la de jugar con las emociones. Jugar con ellas en un sentido abstracto, utilizándolas como materia prima para contar historias y crear recursos artísticos… Y jugar con ellas, literalmente hablando, convirtiendo el viaje del jugador en un recorrido a través de la mente y el alma de los personajes y de las suyas propias.

Arte que emociona

El papel de los videojuegos dentro del ámbito cultural sigue estando a debate, ni que decir tiene su concepción como producto artístico. Si los extensos mundos, las largas historias y las afinadas bandas sonoras creadas por las grandes desarrolladoras han de luchar por dejar de ser juegos de niños, ¿qué papel queda para las desarrolladoras independientes? Parajójicamente, la idiosincrasia de estas ha llevado a sus productos a ser considerados, quizá, los principales candidatos a trascender la frontera del videojuego para colarse en la del arte. La menor disposición de recursos, que a veces se traduce en auténticas vueltas de tuerca o en el uso de estilos gráficos y artísticos que recuerdan al pasado, se ha traducido en una percepción de estos como ejemplos de arte. La imposibilidad de apostarlo todo al fotorrealismo y a la ultra alta definición se ha dado como resultado juegos más audaces, propuestas más alejadas de los géneros marcados e innovaciones en el mundo de las ideas. Y todo esto se traduce en productos que encandilan a público y crítica y consiguen el calificativo de culto antes que sus hermanos mayores. “No podemos competir en gráficos, tenemos que apostarlo todo al estilo artístico”, dice Nomada Studio.


Resulta difícil explicar por qué estos estilos artísticos tan alejados de las grandes producciones despiertan las emociones del jugador: ¿nostalgia? ¿identificación con otros productos culturales que sí gozan del calificativo cultural? ¿apreciación del arte? Sobre el primero, la apuesta por el pixel art y por la imitación del estilo de los 16 bits podría ser una razón. Jugar a un plataformas que te transporta a las interminables tardes de la infancia con SNES o MegaDrive es un factor importante, que toca las emociones. De hecho, cada vez son más las grandes desarrolladoras que apuestan por juegos con estos estilos artísticos, u otros más modernos pero que van asumiendo el rol de nostálgico. Son, no obstante, estilos más baratos de desarrollar, probar y diseñar, ideales para compañías con poco presupuesto y amadas por el público.

Sobre el acercamiento a otras industrias que sí gozan (o gozaban) de consideración artística, es frecuente tanto en las grandes como en las pequeñas y medianas producciones, pero son estas últimas las que están sabiendo beber con más acierto. El diseñador de Gris, por ejemplo, reconoce haberse inspirado no solo en Van Gogh, sino en los clásicos Disney y en el propio Studio Ghibli. Mirando los fondos y los juegos de luz y color de la obra española no resulta difícil irse a la Fantasía de 1940, con sus explosiones cromáticas. O a la tenebrosidad de Taron y el Caldero Mágico. El suave trazado evoca a El Viaje de Chihiro y a esa naturaleza que lo envuelve todo en La princesa Mononoke. Y cada pequeño frame encajaría en un marco y en la firma “Vincent”.


Pero, ¿y si independientemente de la nostalgia y de su parecido a otras obras, la industria del videojuego está consiguiendo producir arte que es apreciado como tal? Aquí, el campo de las bandas sonoras parece haberse adelantado unos años. Los conciertos con las mejores obras de grandes sagas de videojuegos llevan todo el siglo ocupando salas y teatros del mundo, e incluso apareciendo en campeonatos deportivos bien alejados de la cultura otaku, geek o gamer. La industria Triple A sigue mimando sus bandas sonoras, y las desarrolladoras indie no se quedan atrás. En Gris, la ausencia de palabras es suplida con un cuidado uso del sonido y con un soundtrack casi tan alabado como su apartado gráfico. Por desgracia, es este el que aún suele quedar lejos de ser percibido como arte. Las limitaciones técnicas han arrastrado a una industria que, durante años, no podía competir con el cine. Ahora que puede hacerlo, el realismo quizá no consigue despertar la emoción del jugador más allá del primer wow. Aquí, las desarrolladoras indies están consiguiendo crear arte que es percibido como arte, precisamente combinando dos aspectos de los que ya hablamos: la nostalgia y el reflejar otras obras. Con usos exquisitos del pixelart, la animación o, como en el caso de Gris, la acuarela y la pintura, los indie suelen recibir el calificativo de bello con una facilidad que aún escapa a los grandes videojuegos, estando más cerca de ser arte por sí mismos.


Emociones que cuentan

Más allá de las emociones que causan la imagen y el sonido de un videojuego, están aquellas con las que juega la narrativa del mismo. No todas las obras intentan que empaticemos con sus personajes, a veces solo requieren que los guiemos y ejecutemos su cometido, sea venganza, sea superación, sea recuperar el control. Sin embargo, otras veces el viaje no se produce solo a través de un mundo, sino de la propia conciencia de los protagonistas y del jugador. Aquí, la industria indie ha sabido crear metáforas que nos llevan a recorrer la depresión saltando plataformas, afrontar la pérdida destrozando espectros o superar el conflicto devolviendo el color al mundo.

Gris juega con un personaje mudo y un mundo en blanco y negro que se interconectan. Conforme vuelven los colores, lo va haciendo la voz que nuestro personaje necesita para continuar, y viceversa. El mundo onírico es la decadencia, marca el fin de una era que también ha llegado para la protagonista, pero juntos la acompañaremos en un camino que solo ella conoce. “Queríamos que la historia no se contara con palabras. Que fuera el propio jugador el que la interpretara a partir de pequeñas pistas”. Estas pistas las vemos en pantalla y las escuchamos (o no) en el altavoz. Solo los nombres de los diferentes capítulos (Negación, Ira, Negociación, Depresión, Aceptación) actúan como un mapa emocional de lo que ha ocurrido y está ocurriendo.


Un futuro indie

Que sean las pequeñas desarrolladoras las que antes están acaparando los titulares de culto, bello o imprescindible nos habla de una industria que está cambiando. Pese a quedar lejos de los millones y decenas de millones que venden las grandes franquicias del mundo de los videojuegos, los indies han llegado para no seguir las normas de la industria o, más bien, para moldear, modificar y establecer otras nuevas. Lo que hace unos años era un cajón desastre donde cabía todo, se ha convertido ahora en una de las puntas de lanza de lo gamer, amparada en plataformas como los smartphone, el PC y Nintendo Switch. La aparición de distribuidoras de productos indie, que aportan financiación, promoción y canales para llegar al público, es la vía de salvación para una industria que aún no goza de protección o financiación en muchos países, como España. “La aparición de [la distribuidora de Gris] Devolver Digital evitó que el estudio cerrara en mitad de la producción. Nos aportaron la financiación, la libertad y el apoyo que necesitábamos para seguir adelante”.

Hoy, Gris, que ya está disponible en Switch, PC, PS4 e iOS, ha superado el millón de ventas y ha estrenado, recientemente, su versión física. Reconocido en diferentes premios de los mundos de los videojuegos y el diseño gráfico, forma parte de una tanda de productos que ha puesto lo indie de moda y ha expandido las barreras de lo rentable. De juegos que se han colado entre los anuncios Triple A y que reclaman su espacio en prensa, en redes sociales, y en las memorias y estanterías de los jugadores. De ejemplos de cómo está cambiando la industria y hacia donde podemos dirigirla. De imprescindibles que las plataformas luchan, incluso, por tener en exclusividad. Hay vida más allá del fotorrealismo y los videojuegos millonarios, y las desarrolladoras y distribuidoras indie quieren demostrarlo a través de su arte.

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